El Reino Unido acaba de prometer a los jóvenes un futuro sin tabaco. En Europa, el debate continúa.
Esta semana, el Reino Unido ha aprobado una de las leyes de prevención del tabaquismo más ambiciosas de la historia. Las personas nacidas a partir del 1 de enero de 2009 nunca podrán comprar cigarrillos legalmente. La edad mínima para la venta se incrementará en un año, cada año, hasta que el tabaquismo desaparezca por completo. Una generación libre de humo, consagrada en la ley.
La respuesta política ha sido notable. Las encuestas revelan que el 78 % de la población apoya la legislación. Incluso la mayoría de los fumadores la respalda, y muchos de ellos desearían que esta protección hubiera existido cuando eran jóvenes, antes de que la adicción se afianzara. El apoyo en el Parlamento, por parte de todos los partidos, fue firme.
Este tipo de iniciativa ya se ha intentado antes y ha fracasado. Nueva Zelanda aprobó una prohibición generacional similar del tabaco en 2022, pero el nuevo Gobierno la derogó antes incluso de que entrara en vigor. Ahora, el Reino Unido ha tomado el relevo. En otros lugares, el impulso también va en aumento. Francia ha prohibido fumar en todos los espacios al aire libre donde haya niños a partir de julio de 2025, incluidos parques, playas, entradas a colegios e instalaciones deportivas, como parte de su propio objetivo de lograr una generación libre de tabaco para 2032.
Sin embargo, en Europa, donde el cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer, la situación es más compleja.
La Comisión Europea propuso en julio de 2025 una ambiciosa reforma de la normativa fiscal sobre el tabaco, con la que se aumentaban los tipos impositivos mínimos en todo el bloque por primera vez en más de una década y se ampliaba la tributación a los nuevos productos con nicotina. El objetivo era contribuir a una Europa sin tabaco para 2040. El aumento de los impuestos sobre el tabaco es una de las herramientas con mayor base científica de las que se dispone para reducir el tabaquismo, especialmente entre los jóvenes y las personas con rentas más bajas.
Las negociaciones en el Consejo han mermado en repetidas ocasiones esa ambición. Las últimas propuestas de compromiso incluyen tipos impositivos mínimos más bajos y plazos de aplicación más largos. Cuatro Estados miembros siguen oponiéndose. Se está tratando de alcanzar un acuerdo político para junio de 2026, para lo cual se requiere el apoyo unánime en materia fiscal.
El cáncer de pulmón mata a casi 700 000 personas al año en Europa. El tabaco es su principal factor de riesgo. El tabaco no solo provoca cáncer de pulmón, sino que está relacionado con al menos 15 tipos diferentes de cáncer.
Sabemos que el 90 % de las personas que fuman empezaron a hacerlo antes de cumplir los 21 años. La prevención en la etapa en la que se forman los hábitos es donde aún se pueden obtener los mayores resultados.
El Reino Unido ha demostrado esta semana que proteger a la próxima generación es posible y cuenta con el apoyo de la ciudadanía. Francia avanza en la misma dirección. Europa tiene la misma oportunidad, pero ello requiere valor político precisamente en un momento en el que el instinto nos lleva a transigir.
Lung Cancer Europe, junto con más de 120 organizaciones del ámbito sanitario y de la sociedad civil, sigue reclamando una actualización ambiciosa y basada en datos científicos de la normativa europea sobre la fiscalidad del tabaco. La prevención no puede ser lo primero en descartarse cuando las negociaciones se complican.
Los jóvenes que tendrán que vivir con las consecuencias de estas decisiones se merecen algo mejor que un compromiso diluido.