Un análisis de sangre permite predecir el cáncer de pulmón con cinco años de antelación: qué significa el nuevo estudio publicado en *Cell*
Representación artística de la superficie interna de un alvéolo inflamado, en la que se aprecia el daño celular relacionado con el riesgo de cáncer de pulmón. Imagen: © Michael Schwimmer y Jeroen Claus, Phospho Biomedical Animation, Consejo Europeo de Investigación.
El 4 de junio de 2026, investigadores del Instituto Francis Crick y del University College London publicaron un estudio en la revista Cell que ha suscitado un gran interés en toda la comunidad científica y médica.
El estudio, dirigido por el profesor Charles Swanton y sus colaboradores, identificó un conjunto de 14 proteínas en el plasma sanguíneo que, en conjunto, permiten predecir si una persona tiene probabilidades de desarrollar cáncer de pulmón más de cinco años antes de que se le diagnostique la enfermedad.
La investigación fue financiada por Cancer Research UK y el Consejo Europeo de Investigación, y se validó con ocho conjuntos de datos independientes procedentes del Reino Unido, Estados Unidos, Islandia, China y Taiwán, que abarcaban más de 2.000 casos de cáncer de pulmón y más de 53.000 controles.
Se trata de un importante paso adelante. A continuación se exponen las conclusiones de la investigación y por qué son relevantes.
Lo que hicieron los investigadores
El equipo utilizó el aprendizaje automático para analizar los datos sobre proteínas sanguíneas de casi 48 000 personas inscritas en el UK Biobank, un amplio estudio poblacional. Analizaron qué proteínas, medidas en un único momento de referencia, se asociaban con un diagnóstico posterior de cáncer de pulmón. De las 2 923 proteínas analizadas, identificaron 14 que, combinadas con información sobre la edad, los antecedentes de tabaquismo y las enfermedades pulmonares, predecían el cáncer de pulmón futuro con mayor precisión que los modelos de riesgo existentes.
Las 14 proteínas incluyen marcadores relacionados con la inflamación, la actividad inmunitaria en el pulmón y la biología de las células alveolares, los diminutos sacos de aire donde tiene lugar el intercambio gaseoso. La firma se validó en conjuntos de datos de varios países y, lo que es más importante, se asoció con la aparición futura de cáncer de pulmón en una cohorte taiwanesa en la que más del 93 % de los participantes nunca había fumado.
¿Qué es lo que realmente se está detectando?
Uno de los aspectos más importantes de esta investigación es lo que refleja la firma.
Las proteínas no parecen proceder de un tumor. Más bien, parecen reflejar un estado inflamatorio alterado en el pulmón que precede al desarrollo del cáncer. No hay que pensar en ello tanto como en la detección de la enfermedad en sí, sino más bien como en la detección de las condiciones en el pulmón que aumentan la probabilidad de que se desarrolle el cáncer.
Los investigadores descubrieron que este estado se ve agravado por la contaminación atmosférica por partículas en suspensión, por la presencia de células pulmonares mutantes portadoras de mutaciones del EGFR y por una señal inflamatoria específica denominada interleucina-1 beta, o IL-1beta. Se sabe que estos tres factores contribuyen al riesgo de cáncer de pulmón, especialmente en personas que nunca han fumado.
Un artículo de revisión relacionado, publicado en *Nature* en abril de 2026, ayuda a situar esto en su contexto. En él se describe cómo la mayoría de las mutaciones impulsoras del cáncer de pulmón ya están presentes de forma silenciosa en el tejido pulmonar normal. Lo que lleva a las células mutantes a convertirse en cancerosas no es la mutación por sí sola, sino factores adicionales —entre ellos, exposiciones ambientales como la contaminación atmosférica— que favorecen la proliferación de esas células. El artículo publicado en *Cell* puede entenderse como la aplicación clínica de esa biología: una forma de detectar ese proceso de proliferación mediante un sencillo análisis de sangre.
Las conclusiones sobre la prevención
Quizá la parte más relevante de la investigación sea el nuevo análisis del ensayo CANTOS, un amplio estudio de prevención cardiovascular en el que se evaluó un fármaco llamado canakinumab, que bloquea la IL-1beta. Un análisis anterior del ensayo CANTOS había revelado, como hallazgo exploratorio, que el canakinumab reducía la incidencia de cáncer de pulmón, pero el efecto fue modesto en el conjunto de la población del ensayo.
El nuevo estudio reveló que, al dividir a los participantes en función de su puntuación inicial de las 14 proteínas, el panorama cambiaba sustancialmente. Entre aquellos con una firma biológica inicial elevada, el canakinumab redujo el riesgo de cáncer de pulmón en casi la mitad. Entre aquellos con una firma baja, no se observó ningún efecto significativo.
El número de pacientes que hay que tratar para prevenir un caso de cáncer de pulmón se redujo de más de 1.500 en el grupo de baja firma a 55 en el grupo de alta firma. Esto lo sitúa en un rango comparable al de estrategias de prevención cardiovascular ya consolidadas, como las estatinas.
Esto es importante porque sugiere que el indicador no solo identifica el riesgo, sino que también puede identificar a las personas adecuadas para una intervención preventiva concreta, en el momento oportuno.
Por qué esto es relevante para las personas afectadas por el cáncer de pulmón en Europa
El cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer en Europa, con 484 000 nuevos casos diagnosticados cada año. Todavía hay demasiadas personas a las que se les diagnostica en una fase avanzada, cuando las opciones de tratamiento son más limitadas y los resultados son peores.
La Carta Europea sobre el Cáncer de Pulmón 2026-2030 se compromete a garantizar el acceso oportuno a la detección precoz y a los programas de cribado basados en la evidencia para todas las personas afectadas por el cáncer de pulmón, el acceso a un diagnóstico preciso y oportuno —incluidas las pruebas de biomarcadores— y el acceso equitativo a la atención sanitaria, independientemente de la ubicación geográfica o los antecedentes de tabaquismo.
Esta investigación guarda relación con los tres compromisos mencionados.
Los programas actuales de detección precoz del cáncer de pulmón en Europa se limitan a personas mayores de una determinada edad con un historial significativo de tabaquismo. Solo siete de los 27 Estados miembros de la UE han puesto en marcha o están llevando a cabo de forma activa programas piloto de detección precoz del cáncer de pulmón. Las personas que nunca han fumado, así como aquellas cuyo riesgo se debe a la contaminación atmosférica o a factores genéticos más que al tabaco, quedan en gran medida excluidas de la identificación estructurada de riesgos.
Un marcador sanguíneo que funciona en personas que nunca han fumado, detecta el riesgo con años de antelación y está relacionado con una posible estrategia de prevención constituye un tipo de herramienta diferente. No sustituye a la tomografía computarizada de cribado. Sin embargo, podría ampliar la identificación del riesgo a personas que, en la actualidad, no cumplen los criterios existentes.
Esto también se hace eco directamente de algo que Debra Montague, presidenta de Lung Cancer Europe, señaló en su informe anual de este año: los avances solo tienen importancia si la gente puede acceder a ellos. La ciencia de la prevención lleva años desarrollándose. Esta investigación empieza a convertirla en algo aplicable.
¿Qué pasa después?
Los investigadores dejan claro que esta prueba aún no está lista para su uso clínico de un día para otro. El estudio fue, en gran medida, retrospectivo. La cuantificación absoluta de proteínas en las distintas cohortes sigue siendo un reto. Serán necesarios ensayos prospectivos con muestreos seriados para establecer umbrales aplicables y definir qué poblaciones se beneficiarían más.
Pero la dirección a seguir está clara. El cáncer de pulmón ha carecido históricamente de lo que la medicina cardiovascular cuenta desde hace tiempo: un marcador de riesgo circulante fiable, como el colesterol LDL, que pueda orientar el tratamiento preventivo en personas de alto riesgo. Esta investigación supone un paso importante hacia ese objetivo.
Lung Cancer Europe seguirá de cerca esta investigación y se asegurará de que la perspectiva de las personas que viven con cáncer de pulmón en Europa forme parte del debate a medida que este se desarrolle.