El ejercicio tras el diagnóstico de cáncer de pulmón se asocia a mejores resultados
Un nuevo estudio se suma a las pruebas cada vez más numerosas de que la actividad física puede desempeñar un papel importante en el tratamiento del cáncer de pulmón.
Publicado en JAMA Network Open, el artículo analizó los datos de 17 141 supervivientes de cáncer procedentes de seis estudios de cohortes agrupados. Se centró en la actividad física de intensidad moderada a vigorosa antes y después del diagnóstico y se planteó si la actividad física tras el diagnóstico estaba relacionada con la mortalidad por cáncer. El análisis incluyó a personas con cáncer de vejiga, de endometrio, de riñón, de pulmón, de boca, de ovario y de recto.
En el caso del cáncer de pulmón, los resultados fueron notables. En comparación con no realizar ninguna actividad física de intensidad moderada a vigorosa tras el diagnóstico, incluso los niveles más bajos de actividad se asociaron con una menor mortalidad por cáncer. Según los resultados principales del artículo, los niveles bajos de actividad tras el diagnóstico se asociaron con un cociente de riesgo de 0,56 en comparación con la ausencia total de actividad.
Uno de los aspectos más interesantes del estudio fue que esto no solo se observó en personas que ya eran activas antes del diagnóstico. Entre los supervivientes de cáncer de pulmón que eran inactivos antes del diagnóstico pero que cumplieron las recomendaciones de actividad física tras el diagnóstico, la mortalidad por cáncer también fue menor, con una razón de riesgo de 0,58.
Esto sugiere que empezar a hacer ejercicio tras el diagnóstico puede seguir reportando beneficios, incluso para las personas que no practicaban actividad física antes. Los puntos clave del artículo indican que los supervivientes de cáncer de pulmón que no practicaban actividad física antes del diagnóstico, pero que empezaron a hacerlo después, presentaban un menor riesgo de mortalidad por cáncer.
Los autores también dejan claro que se trata de un análisis observacional agrupado, no de un ensayo clínico. Esto significa que muestra una asociación, pero no demuestra que el ejercicio fuera la causa directa de la diferencia en la supervivencia. No obstante, los resultados refuerzan la necesidad de que la actividad física y el apoyo al ejercicio se tomen en serio como parte de la atención oncológica, siempre que sea seguro y adecuado para cada persona.
El artículo también señala que las recomendaciones actuales sobre actividad física para las personas con cáncer son más contundentes para algunos tipos de cáncer que para otros, y que la evidencia para cánceres como el de pulmón ha sido más limitada.
Para muchas personas que padecen cáncer de pulmón, mantenerse activo no es tarea fácil. La fatiga, la dificultad para respirar, el dolor, los efectos secundarios del tratamiento, la ansiedad y la disminución de la forma física pueden suponer un obstáculo. Estudios como este no implican que las personas deban sentirse presionadas a hacer más de lo que es seguro o de lo que pueden afrontar. Sin embargo, sí que respaldan un debate más amplio sobre cómo el ejercicio, la rehabilitación y el apoyo personalizado en materia de actividad física podrían integrarse de forma más clara en la atención al cáncer de pulmón.
Fuente: Brown JC, Cannioto R, Cartmel B, et al. «Actividad física en el tiempo libre y mortalidad por cáncer». JAMA Network Open. Publicado el 17 de febrero de 2026.