Se están reduciendo los planes de la UE en materia de impuestos sobre el tabaco

Europa está dejando pasar una oportunidad para prevenir el cáncer de pulmón.

Europa está dejando pasar la oportunidad de prevenir las enfermedades antes de que se desarrollen.

Un nuevo borrador de propuesta presentado por los Estados miembros de la UE debilitaría los aumentos previstos en los impuestos sobre el tabaco, lo que frenaría una de las herramientas más eficaces de las que disponemos para reducir el tabaquismo y prevenir el cáncer de pulmón.

El impuesto sobre el tabaco puede parecer un tema técnico. Pero sus consecuencias son muy humanas.

Sabemos, gracias a décadas de datos, que el aumento de los impuestos sobre el tabaco reduce el tabaquismo, especialmente entre los jóvenes y las personas con rentas más bajas. Estos impuestos contribuyen a evitar que la gente empiece a fumar, ayudan a quienes quieren dejarlo y reducen la carga que suponen las enfermedades a largo plazo para las familias y los sistemas sanitarios.

El cáncer de pulmón sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer en Europa. Aunque por fin estamos observando avances en el tratamiento y la supervivencia, es en la prevención donde aún se pueden lograr los mayores avances. Es también en este ámbito donde las decisiones políticas tienen un mayor impacto en la equidad, ya que una prevención deficiente siempre afecta con mayor dureza a las mismas comunidades.

En el borrador que se está debatiendo actualmente en el Consejo, tanto los niveles impositivos propuestos como el ritmo de aplicación son menos ambiciosos que en los planes anteriores. Y esas diferencias se acumulan. Unos aumentos más moderados y lentos atenúan el impacto en las tasas de tabaquismo y permiten que más personas se vuelvan dependientes del tabaco o sigan siéndolo.

También es importante tener en cuenta las preocupaciones que plantean algunos Estados miembros. Los países con rentas más bajas suelen temer que unos impuestos más elevados fomenten el comercio ilícito en lugar de reducir el tabaquismo. Se trata de un verdadero reto que merece una atención seria. Sin embargo, la mejor forma de abordarlo es mediante una mayor cooperación transfronteriza, una aplicación más estricta de la normativa y un mejor seguimiento, y no reduciendo los objetivos en materia de salud pública.

También hay debates en curso sobre cómo deberían gravarse los nuevos productos con nicotina. Algunos gobiernos sostienen que gravar los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado de la misma forma que los cigarrillos convencionales elimina los incentivos para que las personas dejen de fumar. Los datos al respecto aún están en evolución, y las políticas deben diseñarse con cuidado para evitar consecuencias no deseadas, especialmente para los jóvenes y las personas que nunca han fumado.

Sin embargo, ninguna de estas complejidades altera la idea central. El tabaco combustible sigue siendo el principal factor de riesgo del cáncer de pulmón. Una fiscalidad rigurosa y basada en datos contrastados es una de las formas más eficaces de reducir su consumo.

Más de 120 organizaciones sanitarias y de la sociedad civil, entre ellas Lung Cancer Europe, ya han pedido una actualización ambiciosa de la normativa europea sobre el tabaco. Ese llamamiento se basaba en una idea sencilla: si realmente queremos reducir el cáncer de pulmón, la prevención no puede ser lo primero en sacrificarse a la hora de llegar a acuerdos.

En consonancia con nuestro llamamiento a la acción «Unidos contra el cáncer de pulmón», Lung Cancer Europe insta a la Comisión Europea y a los Estados miembros a que cumplan, sin más demora, los compromisos contraídos en virtud del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco.

Además, hay una cuestión más amplia en juego. El cáncer de pulmón sigue estando muy estigmatizado, y ese estigma influye en las decisiones políticas. Cuando se considera que una enfermedad es culpa del propio enfermo, resulta más fácil aceptar medidas menos contundentes, incluso cuando las pruebas son claras. Esto tiene consecuencias reales en la vida de las personas.

Una fiscalidad estricta sobre el tabaco, junto con un apoyo accesible y solidario para las personas que desean dejar de fumar, salva vidas. Reduce la desigualdad, favorece un diagnóstico precoz y alivia la presión sobre unos sistemas sanitarios que ya están al límite de su capacidad.

Este momento era una oportunidad para demostrar que en Europa se toma en serio la prevención del cáncer de pulmón. En cambio, nos quedamos con un plan que corre el riesgo de perder impulso en un momento en el que sigue siendo necesario adoptar medidas más contundentes.

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